Málaga ha registrado cerca de 150 zonas de confort climático distribuidas entre espacios exteriores y dependencias municipales. La utilidad urbanística de la iniciativa está en convertir una red dispersa de sombra, descanso y climatización en infraestructura reconocible por la ciudadanía. Un refugio climático solo funciona si resulta cercano, accesible, abierto cuando se necesita y fácil de localizar. El mapa permite observar además la cobertura territorial de esta política y detectar barrios con vacíos de servicio. A medida que aumentan las olas de calor, la planificación urbana deberá tratar estos espacios como una dotación básica, vinculada a recorridos peatonales, transporte público y atención a población vulnerable.