La Gran Vía del Sureste empieza a abandonar su condición de infraestructura viaria sobredimensionada para convertirse en una pieza de estructura urbana. El tramo en ejecución, entre la avenida de las Suertes y la glorieta próxima a la A-3, funcionará como demostrador de un corredor de 13,7 kilómetros destinado a enlazar seis desarrollos del sureste madrileño.
La actuación reorganiza por completo la sección. En el centro se construirá un bulevar de más de 21.000 metros cuadrados, 37,6 metros de ancho y 560 metros de longitud, con áreas de estancia, juego, actividad biosaludable, calistenia y paseo. El diseño reserva dos carriles —uno por sentido— para el futuro sistema BRT, incorpora carriles bici segregados en ambas márgenes y amplía los recorridos peatonales.
La dimensión ambiental no se limita al arbolado. El proyecto incluye 875 nuevos árboles, jardinería de alta densidad y diversidad, sistemas urbanos de drenaje sostenible, iluminación led eficiente y una fuente ornamental de unos 180 metros cuadrados. Las obras del primer tramo se prolongarán hasta la primavera de 2028.
El interés profesional reside en el cambio de jerarquía: una vía concebida para la capacidad del automóvil pasa a organizar barrios completos mediante transporte público, conectividad peatonal y continuidad ecológica. El reto será que el BRT y los cruces transversales lleguen a tiempo para evitar que la avenida verde se convierta, durante años, en una suma de piezas inconexas.
